Un constante parpadeo se vuelve postre de la noche y con el telón levantado se olvidan de subir el escalón. Uno de ellos, el más valiente, se pone a recitar. Y uno de ellos, el más valiente, se va del salón.
Cuando acaba la última escena, la primera bailarina rompe a llorar y nadie se sienta con ella.
Retos como prisiones para los que decidieron dejarlo todo por alguien; trebejos viejos que se quemaron para demostrarlo.
(Esto es un regalo que me ha hecho B.M.)

Nunca le vi olvidarse del escalón, nunca le vi subir al escenario sin respeto, con aquel silencio que hiela la sangre, y que hace temblar la piel.
Por eso no me creo que nadie quisiera sentarse a su lado. Quizá no sabÃan como acercarse, porque las bailarinas parecen tan inalcanzables que hasta cuando se derrumban parecen interpretar un papel.
ocho tiempos, ocho lágrimas.
No puedo comentar, solo leerlo una y otra vez...
F E L I C I D A D E S, con un beso.