"Hace varios meses que no te escribía, lo sé; tampoco había necesitado hablar contigo, tan de cerca...
Te confieso que en realidad hasta había olvidado tu aroma, tus vibraciones, y la mágica manera que tienes de mantenerme embriagada, prisionera de las sutiles redes que tantas veces has tendido a mi paso...
No es que te tenga miedo, mi dulce amigo, ni desprecio o rencor, pero... en mi interior siempre he sentido rebelarse a mi espíritu ante tu presencia, o ante la simple posibilidad de extender en el tiempo una relación contigo...
Seguramente me dirás que no estuve tan mal en las épocas en las que, clandestinamente, nos encontrábamos tú y yo, claro que no!, pero te confieso que he tenido compañeros mas cálidos, aunque menos constantes que tú...
No tengo nada para reclamarte, querido, pero tampoco tengo tanto para agradecerte, y por más que intentes persuadirme de la seguridad y conveniencia de nuestros contactos, no me siento muy segura contigo como compañera de cama...
Sí... seguramente debo admitir que he tenido peores compañías, pero al mismo tiempo te confieso que, con encontrar un solo amante mejor que tú, dejaría que siguieras tu camino...
No me llames ingrata, solo es que mi naturaleza no puede aceptarte, no encuentro esa química especial que debe registrarse para seguir adelante esta relación contigo por mucho tiempo sin perder lo que tengo. Creo que no estoy hecha para ti, no te ofendas...
¿Sabes algo? aunque parezca torpe, a veces te he extrañado, y creo saber el motivo; suelo escaparme de la gente a mi alrededor cuando me siento triste, confundida o furiosa, y en ese momento quiero tenerte conmigo, abrazarte y mimarte, pero solo por un corto tiempo.
Claro... me dices que no es un simple planteo, y suena algo egoísta de mi parte, mi dulce y fiel amigo, pero soy así, no te puedo ser fiel; no se lo era a mi marido y el compromiso era más amplio. No puedo prometer un largo tiempo a tu lado, solo te necesito por un rato, luego te echaré, como siempre sucede...
Espero que esta nueva relación que te propongo iniciar hoy, sea grata y provechosa, pero... sobre todo, espero que sea breve, sería peligroso acostumbrarme a ti, al menos para mis proyectos de vida...
Gracias por acudir cuando te llamo, porque en realidad te necesito, pero... por favor, cuando veas que un nuevo brillo en mi mirada comienza a encenderse, vete, vete tan lejos como puedas y quédate alejado de mí, hasta que te vuelva a llamar, no quiero odiarte, quiero sentirte cerca solo en esos momentos especiales, en los que nadie como tú pueda llenar mis horas, pero al mismo tiempo deseo con todas mis fuerzas que esos momentos no lleguen nunca más...
Hoy te necesito, pero solo por hoy, abrázame, bésame en los labios con ese cálido beso que tantas veces he deseado, y ven... acompáñame a mi cama una vez más, durmamos juntos y abrazados esta noche, quiero despertar mañana nuevamente rechazando tu presencia, como es mi costumbre, deseando que sea la última vez...".

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados