Todos volvemos a los vicios, tal vez porque los vicios son el refugio de nosotros mismos, yo también los tengo aunque no los proclame.

Realmente mi idea era esperar, con o sin paciencia, la cena. . .las velas. . .la noche sin mirar reloj (creo que me defiendo mejor en la madrugada, pero solo es una creencia si ningún tipo de argumento que la avale).

Pero anoche me sentía superviviente...Tuve mi pensamiento dulce, aunque no fuera un pensamiento, solo era un deseo, e incluso con la casi total seguridad de que acabaría en tragedia, como si fuera una película deliciosamente melancólica. . .no me pude resistir y me deje caer en la tentación. Y aprendí, de nuevo, que sé que puedo luchar contra el terco desaliento que provoca un fracaso, porque todavía me quedan en los bolsillos retazos de inocencia que pude robar al mundo durante cincuenta y tantos años para crear ilusiones que son como cintas de colores que se agitan en el viento del otoño...

Esto último de las “cintas de colores” no se a cuento de que viene. Creo que por el balcón de enfrente. (tiene muchas).